Mónaco-París

– El otro día vi Un homme et une femme y me dije que joder, estas cosas a mí no me pasan.
– ¿Es otra de tus historias?
– Puede. ¿Por qué? ¿No te gustan mis historias?
– No. Sí, sí. Es solo por saber. Perdona. Sigue.
– Bueno, no es mucha historia es solo que en la película se hace miles de kilómetros de Mónaco a París para verla y me dije que yo solo estoy esperando un mensaje por WhatsApp. Imagínate.
– Erm… ¿Te estás comparando con una película?
– No, no. Ya sé que la vida no es una película. Pero digo joder, entre hacerse miles de kilómetros y un mensaje de WhatsApp…
– ¿Qué?
– Pues eso, que nadie se ha hecho miles de kilómetros por mí. No solo eso, sino que nadie siquiera ha hecho kilómetros virtuales por mí.
– ¿Kilómetros virtuales?
– Mensajes, joder. Emails, WhatsApp, lo que sea.
– Ah, ah. Vale, ya entiendo.
– Ojalá alguien hiciera Mónaco-París por mí en una noche.
– ¿Pero qué me dices de Mateo, que vino desde Italia a verte?
– No es lo mismo. Mateo y yo… Ay, Mateo… Mateo y yo ya éramos algo. Ya llevábamos tiempo queriendo dar ese paso.
– Italia. Vino desde Italia. Cogió un puto avión.
– Tienes razón, tienes razón. Mateo… Hizo eso por mí.
– Pero ves, te quejas pero en el fondo hay alguien que ha hecho por ti algo que algunas personas solo soñamos con ello.
– Mateo era especial, nos conocimos mientras yo estaba de viaje allí… O venía él o no iba a haber más.
– Vete a la mierda. Vivisteis una historia preciosa. Ya quisiéramos algunos.
– Idealizas lo que no has vivido. No sabes lo duro que fue con Mateo. Querernos con tal ansia y no poder tenernos.
– Has sobrevivido.
– Apenas. Y lo sabes. Nada fue igual después de Mateo. Yo no soy igual después de Mateo.
– Vete a la mierda. Al menos has vivido.
– Que te jodan.
– Hablabas de Sven. No me has dicho que era él pero deduzco que era él. ¿No te ha escrito o qué?
– Te odio…
– Ya. ¿Y?
– Y pues que no me ha escrito Sven, ¿vale? No. Y aquí estoy esperando a que me escriba cuando hay personas que se hacen Mónaco-París por un quizás. Miro el móvil cada dos por tres para ver si tengo un mensaje suyo y lo único que tengo es el “cri cri” de los grillos en mi cabeza. La incesante duda. Duda de todo, de si debería haber escrito otra cosa o de otra manera. Duda de si en realidad no imaginé o idealicé lo que vivimos. Duda de si vale la pena. Duda de por qué soy así. Duda de por qué él no sería asá.
– Tú siempre estás pensando y dudando.
– Y joder, estoy hasta el coño de ser así.
– Pero sabes perfectamente que el hecho de ser así es lo que te ha permitido lanzarte a la piscina en más de una ocasión. Porque por mucho que pienses y repienses, lo que sobre todo haces es actuar.
– Odio lo mucho que me conoces.
– Entonces. Sven. ¿Por qué no le escribes tú?
– Le he escrito. No un telegrama como en la película con un “te quiero”. Pero le he escrito.
– ¿Y nada?
– Nada.
– Pues vaya mierda.
– Sí.
– Este claramente no haría Mónaco-París por ti. Búscate uno que sí lo haga.

Thoughts?

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