Mark

—¿Se puede saber por qué tienes un moratón en el pómulo?
—Me pegó el amor.
—¿Cómo?
—Me dieron una leche de amor.
—¿Te va el BDSM ahora o qué? ¿Estás viendo a otra persona aparte de a mí?
—Ninguna de las dos cosas. Es solo que un perro me pegó de amor, ya está.
—Voy a necesitar más información que eso. ¿Cómo que un perro te “pegó de amor”?
—Ay, de verdad… Estaba acariciando un pitbull. Se puso muy contento… Y bueno, saltó y me dio en la cara. Llevaba un bozal rígido y me hizo daño. Fue sin querer, pobre criatura.
—De verdad que lo tuyo y los perros peligrosos no hay quien lo explique.
—No son peligrosos.
—Si tú lo dices. La que tiene el pómulo verdoso eres tú.

Me acaricias ligeramente justamente ahí. Ya no me duele, solo si aprieto fuerte (o me vuelvo a dar) pero hago un gesto como que sí.

—Ay perdona. ¿Estás bien?
—Sí, sí. Es broma. No duele casi ya.
—Serás…

Me besas apasionadamente. Ya estábamos desnudos y menos mal porque sino creo que este hubiese un momento de arrancar botones de camisas. Y sigo sin haber cosido los de la última vez…

Siempre me sorprende lo mucho que nos deseamos. Bueno, que me deseas. Parece ser incontenible. Igual en algún momento me pegarás de amor tú también. No lo descarto.

—Bueno, ¿y lo de las piernas qué?
—¿Qué de las piernas?
—La obra de arte contemporáneo que tienes montado ahí, con las bandas azules y rosas.
—Complementan mi tez, ¿no crees? Y creo que voy a llamar a una galería. Es digno de ser visto.
—Todo tu cuerpo es digno de ser visto. Pero prefiero una visita privada.
—No seas bobo, anda.
—¿Qué?
—Nada. Nada. Lo de las piernas… pues bueno, ahí está el pobre fisio intentando arreglar algo que no tiene arreglo.
—Seguro que no es para tanto. Arreglo tienes.
—Está por ver.
—Todo está por ver siempre.
—Eso está repleto de innuendo.
—Yo estoy repleto de innuendo y tú de moratones. Todos tenemos nuestras marcas.

Me río. De buena gana. A carcajada limpia y sonora. De estas risas que arreglan un día y incluso el mundo, que hacen que te duela la cara (sobre todo con un pómulo amoratanado) y de las que te vuelves a acordar en algún momento del futuro.

Te beso fugazmente en la mejilla y mi pómulo choca contra el tuyo.

—¡Au!
—No exageres, anda. Y bésame otra vez.

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