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Me coges la mano.

Me sorprendo. Y espero que no se me haya notado, la verdad. Lo cierto es que no me atrevo a aceptar el gesto y hacerlo recíproco del todo.

Tu dedo pulgar acaricia suavemente el dorso de mi mano. Intento dejarme invadir por la ternura de tu gesto pero sigo sin apretar del todo tu mano. No quiero que tengas la sensación de que no tienes escapatoria y obviamente tampoco quiero que tengas la impresión de que no me importas. Así que de momento estamos cogidos de la mano pero no del todo. Como en mitad de una frontera.

Sabes que tengo mi propio ritmo, no me fuerzas. Estás ahí, expectante de ilusión, de que corresponda tu gesto y sentimientos, pero sin presionarme.

Espero algún día poder aceptarlo todo, y sobre todo que tú estés ahí todavía. Pero una siempre se asusta con la posibilidad de enamorarse. Y a veces asusta más que salga todo bien a que salga todo mal.

De momento sigo aprensiva. No por ti. Yo sé que todo esto está en mi cabeza. Esa cabeza que está pensando en todo esto en vez de solo disfrutar del momento y simplemente apretarte la mano.

Son tan suaves. Se nota que te cuidas. Siempre te has cuidado. Más que yo (lo cual no es díficil, claro).

Trazas ligeras líneas en mi piel, lo haces inconscientemente. Estás absorto en otra cosa, lo veo. Pero incluso inconscientemente respetas esa línea que yo dibujé en su momento. ¿Por qué dibujé esa línea? ¿Por qué marqué ese límite? Porque soy idiota, claramente. No hay otra explicación.

Es hora, quizás, de dejar de serlo. De tirarse a la piscina, como dicen.

Te aprieto la mano.

Thoughts?

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